En Barcelona, cuando trabajamos con muros pantalla, lo primero que hacemos es revisar la batidora hidráulica sobre la excavadora. El equipo de cuchara bivalva de 60 cm de ancho es el estándar aquí, porque los depósitos aluviales del Llobregat y el Besòs mezclan gravas con limos compactos. Antes de meter la cuchara, corremos un ensayo SPT cada metro para confirmar que no topamos con un nivel de conglomerado cementado. Si la profundidad supera los 18 m, complementamos con anclajes temporales para controlar la desviación del panel durante el hormigonado.

Un muro pantalla diseñado para la Sagrera soportó empujes de 280 kN/m² sin deformaciones permanentes, validado con inclinómetros cada 5 m.