Barcelona creció sobre el delta del Llobregat y las laderas de Collserola, un legado geotécnico que combina rellenos antrópicos con depósitos aluviales y arcillas expansivas. Cuando el metro llegó al Paral·lel o cuando se levantó el Moll d’Espanya, los ingenieros descubrieron que el subsuelo barcelonés es un rompecabezas de niveles freáticos fluctuantes y suelos de baja capacidad portante. Por eso, en proyectos de rehabilitación o nueva planta dentro del Eixample o el 22@, el diseño de micropilotes se ha convertido en la solución recurrente para transmitir cargas a estratos competentes sin alterar la estructura urbana. Trabajamos con acreditación ISO 17025 y aplicamos Eurocódigo 7 (EN 1997-1:2004) para garantizar que cada barra quede anclada en el horizonte resistente.

El subsuelo de Barcelona exige conocer la permeabilidad real del terreno antes de definir la lechada de inyección de los micropilotes.