En Barcelona, los suelos aluviales del Llobregat y las arcillas del Plioceno del frente litoral generan contrastes de rigidez que pocas veces se detectan a simple vista. Un edificio puede asentar 2 cm en un extremo y 0,5 cm en el otro, y eso rompe juntas, agrieta tabiques y descentra los forjados. Lo que más vemos en esta zona es que el problema no está en la carga total, sino en la diferencia de comportamiento entre puntos de apoyo. Por eso, antes de proyectar una losa o una zapata, conviene complementar el análisis con un estudio de capacidad de carga para conocer la resistencia real del terreno en cada columna.

Un asiento diferencial de 1:500 en un edificio de viviendas puede fisurar la tabiquería; de 1:250, comprometer la estructura.