La proximidad de Barcelona al mar Mediterráneo y su delta fluvial, atravesado por el Llobregat y el Besós, generan depósitos aluviales con altos niveles freáticos. En un contexto sísmico moderado como el catalán, estos suelos sueltos y saturados pueden perder resistencia durante un terremoto, fenómeno conocido como licuefacción. Por eso, antes de cimentar edificios o infraestructuras lineales, conviene realizar un análisis de licuefacción de suelos en Barcelona. El estudio combina el ensayo SPT para obtener el índice N, la permeabilidad de campo para estimar la presión de poros, y el muestreo inalterado que preserva la estructura del sedimento.

Un suelo con N-SPT corregido menor a 15 y freático a menos de 6 metros tiene alta probabilidad de licuar en un sismo de magnitud 6.5.