En Barcelona, el contraste entre los depósitos aluviales del Llobregat y los suelos más competentes del barrio de Gràcia marca una gran diferencia en el diseño de cimentaciones sísmicas. Mientras en la zona baja de la ciudad el terreno puede presentar licuefacción o amplificación de ondas, en la parte alta los suelos son más rígidos. Por eso, cada proyecto requiere un estudio específico que evalúe la respuesta del terreno. En nuestra experiencia, la clave está en combinar el análisis de la aceleración sísmica de cálculo con ensayos de campo, como el MASW (VS30), para clasificar correctamente el tipo de suelo según la normativa.

En suelos tipo IV de Barcelona, la aceleración sísmica de cálculo puede ser hasta un 50% mayor que en roca, lo que exige cimentaciones más robustas.