Cuando proyectamos la ampliación de una urbanización en la sierra de Collserola, detectamos que el talud natural presentaba grietas de tracción después de las lluvias de octubre. Allí comenzamos con el monitoreo geotécnico mensual. Barcelona tiene una geología compleja: sustrato de pizarras y granitos alterados en las laderas, rellenos antrópicos en el llano y depósitos aluviales en los cauces del Besòs y Llobregat. Con visitas periódicas medimos desplazamientos con inclinómetros, niveles freáticos con piezómetros y deformaciones con puntos topográficos. Antes de arrancar las lecturas siempre realizamos un estudio geotécnico completo para definir la instrumentación adecuada.

Con visitas mensuales detectamos desplazamientos milimétricos antes de que se conviertan en roturas. La clave está en la tendencia, no en una lectura aislada.