Los depósitos aluviales del Llobregat y el Besós, junto con las arcillas expansivas del Penedès, generan desafíos recurrentes en la construcción de firmes viales en Barcelona. Cuando el terreno natural no ofrece la capacidad portante ni la resistencia a la deformación que exige un tráfico pesado, la estabilización de suelos para carreteras se vuelve imprescindible. En nuestra experiencia, la clave está en caracterizar bien el material antes de decidir el tratamiento. Por eso, antes de definir la dosificación de cal o cemento, realizamos ensayos de laboratorio como el ensayo Proctor para determinar la compactación óptima y la humedad ideal del suelo en cada tramo del proyecto.

En Barcelona, la clave de una estabilización eficaz está en conocer la mineralogía del suelo antes de elegir el ligante, no al revés.